viernes, 28 de julio de 2017

La danza

Cartel de La danza con la caricatura de Rossini
publicada en la portada de 
Le Hanneton, 1867 (Crédits: Il Volo music)
              
           En el tour Notte magica Gianluca Ginoble interpreta una alegre tarantela titulada La danza del compositor italiano del siglo XIX Gioachino Rossini (1792-1868). La tarantela es un baile popular de origen napolitano que, en el siglo XIX, con el Romanticismo y su gusto por la recuperación de la música popular, fue cultivada por grandes compositores como Franz Schubert, Franz Liszt o Frédéric Chopin. En su forma moderna, la tarantela es un baile de galanteo y seducción entre parejas, de ritmo muy vivo, acompañado de canto. Rossini compuso La danza en 1835, con letra del conde Carlo Pepoli, y fue incluida en la colección Les soirées musicales, compuesta cuando el músico ya se había instalado en París. Se trata de una canción cómica donde se describe una fiesta en la que chicos y chicas bailan mientras coquetean entre ellos. Aunque ha sido interpretada fundamentalmente por tenores (Caruso, Pavarotti, Flórez o Bocelli), también se ha adaptado para barítonos, bajos e, incluso, sopranos.

           Rossini fue uno de los personajes más curiosos e interesantes de la historia de la música. Hijo de un músico y una cantante, fue extraordinariamente precoz, estrenando su primera ópera a los 18 años. Antes de cumplir los 25 años ya se había convertido en el compositor más solicitado de Italia, creando óperas de todo tipo, aunque destacó especialmente en el género bufo. Su obra de mayor éxito fue El barbero de Sevilla (1816) y Guillermo Tell supuso su consagración definitiva. Sin embargo, después del estreno de esta última obra en 1829, decidió no volver a componer ninguna ópera más. Las razones no están claras. Según algunos, Rossini creía que había llegado a la cima del género operístico y otro éxito no le iba a aportar nada a su carrera, mientras que un fracaso podía echarla a perder. Otros atribuyen su retirada de la ópera a la acomodada posición económica que había conseguido y otros a sus ciclos maniaco-.depresivos. Sea cual sea la causa, Rossini abandonó la ópera pero no la música: siguió componiendo obras breves, entre ellas La danza, además de dirigir varios teatros.

           En 1823 se instaló en Francia, donde finalmente murió, aunque siguió viajando a Italia y otros países de Europa durante toda su vida. Aunque abandonó la ópera siendo aún joven (37 años), nunca abandonó su segunda gran pasión: la gastronomía. Rossini era un gran cocinero y anfitrión, y eran famosas las cenas que celebraba en su casa para agasajar a sus amigos en las que servía sus platos favoritos. Nunca se dedicó profesionalmente a la cocina, pero si se le atribuye la invención de varios platos que llevan su nombre. Al parecer, mantenía una buena amistad con famosos cocineros y les sugería recetas que luego los chefs llevaban a cabo. Era un gran amante de la pasta italiana, que dio a conocer en Europa, y sus ingredientes favoritos eran las trufas y el foie gras. Entre los platos que llevan su nombre, destacan los canelones y el Turnedó Rossini.
  
          Rossini fue, sin duda, todo un personaje que definió la vida así: Comer y amar, cantar y digerir; esos son, a decir verdad, los cuatro actos de esta ópera bufa que es la vida y que se desvanece como la espuma de una botella de champán.

            A continuación se puede disfrutar de la interpretación de Gianluca Ginoble de La danza en Moscú, con subtítulos en español.

 Gianluca Ginoble: La danza
Moscú, 18 de junio de 2017


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lunes, 17 de julio de 2017

Una furtiva lagrima

Cartel de El elixir de amor de Donizetti (Credits: Il Volo Music)
        
(Leer en italiano)

              Una furtiva lagrima es una de las arias más conocidas de la historia de la ópera y ha formado parte del repertorio de los más célebres tenores: Enrico Caruso, Luciano Pavarotti, José Carreras, Alfredo Kraus, Plácido Domingo, Juan Diego Flórez... y en el espectáculo Notte magica es interpretada por Ignazio Boschetto.

            Forma parte de El elixir de amor (L'elisir d'amore en italiano), tal vez la obra más popular de Gaetano Donizetti y, junto a El barbero de Sevilla y Las bodas de Fígaro, la ópera cómica más representada. Fue escrita en 1832 en un tiempo record: al empresario del Teatro della Canobbiana de Milán le había fallado un encargo y tuvo que recurrir a Donizetti para que le proporcionara una ópera en el plazo de catorce días; el músico y el letrista Felice Romani no solo consiguieron terminarla a tiempo, sino que además obtuvieron un éxito rotundo.

            Presenta un argumento bucólico y sencillo que permite presentar personajes arquetípicos, al estilo de la comedia del arte. La acción trascurre en un pequeño pueblo donde vive un sencillo campesino llamado Nemorino. El muchacho está enamorado de una rica y frívola terrateniente llamada Adina que, aparentemente, no está interesada por él. Nemorino teme que el sargento Belcore, también pretendiente de Adina, consiga casarse con su amada así que, cuando llega al pueblo un charlatán, el doctor Dulcamara, le pide que le proporcione un elixir mágico para conseguir el amor de la chica. El doctor, que es un estafador, le vende una botella de vino de Burdeos convenciendo al campesino que, tomándolo, conseguirá el amor de su amada.

            Mientras tanto, el sargento Belcore ha conseguido que Adina acepte su propuesta de matrimonio y Nemorino, desesperado, ingiere una gran cantidad de elixir, en realidad vino, para que el efecto sea fulminante. Por el pueblo se ha difundido el rumor de que Nemorino ha heredado, sin que él lo sepa, una gran cantidad de dinero de un tío que ha fallecido, así que todas las chicas empiezan a perseguir al muchacho. Él atribuye este éxito con las mujeres al elixir y cree advertir una lágrima en los ojos de Adina que, al verlo asediado por las chicas, piensa que ha perdido su amor. Este es el momento en el que Nemorino entona la famosa aria Una furtiva lágrima, convencido que la pena de Adina es la prueba irrefutable de que le ama. Al final de la obra, la chica se da cuenta de que efectivamente ama a Nemorino, deshace su compromiso con el sargento Belcore y la obra termina felizmente.

            Sin duda, Una furtiva lágrima es el pasaje más famoso de la ópera y una de las mejores piezas musicales de Donizetti que introduce una nota de melancolía y ternura en esta alegre y simpática obra. A continuación proporcionamos un vídeo en el que se puede disfrutar de la interpretación de Ignazio Boschetto con subtítulos en español.

Ignazio Boschetto interpretando Una furtiva lágrima
Nueva York, 4 de marzo de 2017
 


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