domingo, 18 de enero de 2026

Gianluca Ginoble en "L'Aquila capital italiana de la cultura"

Gianluca Ginoble en la ceremonia "L'Aquila, capitale italiana della cultura" 
el 17 de enero de 2026 (Créditos: Rai 3)
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El 17 de enero de 2026 se celebró la solemne inauguración de los actos que celebran la proclamación de L'Aquila, ciudad del Abruzo, como capital italiana de la cultura, al que acudieron diversas autoridades, entre ellas, el presidente de la República italiana, Sergio Mattarella. El acto se desarrolló en el Auditorio de la Escuela de la Guardia de Finanzas y contó con coro y una gran orquesa del conservatorio de L'Aquila dirigida por el maestro Leonardo De Amicis. En este acto inaugural participaron diversos artistas y, entre ellos, tuvo una participación destacada Gianluca Ginoble, integrante del grupo Il Volo. El acto fue transmitido en directo por la cadena de televisión italiana Rai 3.

Gianluca interpretó una canción muy adecuada para un acto centrado en la cultura del Abruzo: "Amara terra mia" (Amarga tierra mía). Esta canción es conocida por la versión que hizo de ella el célebre cantante Domenico Modugno, pero en realidad su autora fue Giovanna Marini que, a su vez, se inspiró en una canción popular de los Abruzos de principios del siglo XX que trata del trabajo de los campesinos dedicados a la recogida de la aceituna. Con esta base, Marini compuso una nueva canción que hablaba también de la emigración de los trabajadores del campo del Abruzo que, en muchas ocasiones, tuvieron que emigrar lejos de su tierra para mejorar sus condiciones de vida. En un principio, Marini la hizo pasar por una canción popular, aunque más tarde reconoció que fundamentalmente era una composición suya realizada en los años 60 del siglo XX (1). En 1971 fue reelaborada por Domenico Modugno, en colaboración con Enrica Bonaccorti, y aunque se han hecho distintas versiones de esta canción en varios idiomas, la más popular sigue siendo la cantada en italiano por Modugno. Gianluca Ginoble, en la inauguración de "L'Aquila capital italiana de la cultura", hizo una interpretación muy original, combinando la más conocida versión en italiano de Modugno con la versión en dialecto de los Abruzos de Giovanna Marini, más cercana a la tradición popular.

El Presidente de la república italiana saluda a Gianluca Ginoble en el acto de inauguración de L'Aquila capitale italiana della cultura (Créditos: @gianginoble11) 

Además de la interpretación de "Amara terra mia", Gianluca transmitió al presidente Mattarella los saludos de sus colegas Ignazio Boschetto y Piero Barone. También saludó al director de orquesta, Leonardo De Amicis, con el que le une un recuerdo maravilloso, puesto que el maestro De Amicis también dirigía la orquesta del programa "Ti lascio una canzone" en 2009, programa en el que Gianluca conoció a sus compañeros Ignazio y Piero. También recordó que, en aquel programa, cantó el "Ave María" de Gounod en recuerdo de las víctimas del terrible terremoto que sacudió L'Aquila en 2009. Manifestó que, para él, era un gran honor que, después de 17 años de aquellos sucesos, pueda ser hoy un orgulloso representante de la cultura del Abruzo. Finalmente recordó que los naturales del Abruzo, según la tradición, son "fuertes y amables", que la ciudad de L'Aquila tiene un nombre simbólico que evoca el vuelo y que él mismo se identifica con un águila, aunque sin olvidar las raíces.

A continuación, ofrecemos la interpretación completa de la canción "Amara terra mia" por parte de Gianluca Ginoble, así como la breve entrevista final.

Intervención completa de Gianluca Ginoble en la ceremonia 
"L'Aquila, capitale italiana della cultura"  el 17 de enero de 2026 (Créditos: Rai 3)

El mismo día de acto que acabamos de comentar, en el periódico "El Centro" aparecía un artículo de Gianluca Ginoble hablando de la ciudad de L'Aquila y del significado simbólico de su nombre. A continuación reproducimos traducimos este artículo:

L'Aquila, la ciudad que acepta la responsabiblidad de volar

En la ilustración, Gianluca Ginoble (Créditos: Il Centro)

"Los mitos no pertenecen al pasado. Siguen presentes en los asuntos humanos, dramatizando nuestras luchas interiores, alterando nuestro carácter, habitando nuestras vidas incluso cuando no somos conscientes de ello. Carl Gustav Jung dijo que "los dioses no han desaparecido, se han transformado en enfermedades": en fuerzas internas, tensiones, deseos y ambiciones que no podemos controlar ni eliminar. Los mitos, de hecho, representan formas arquetípicas de existencia: fuerzas simbólicas de las que no podemos escapar ni recuperarnos por completo. En las culturas basadas en el mito, los dioses eran inhumanos y eternos: los Inmortales, como los llamaban los griegos. Fuerzas que, precisamente por su eternidad, hicieron indelebles ciertos rasgos del alma humana. Si existe una figura mítica capaz de encarnar la tensión de la ambición, el impulso y el deseo de ascender, esa es el águila. El águila lleva consigo un nombre y un destino simbólico. Los textos antiguos la describen como un animal de temperamento ardiente y seco, con un apetito voraz, siempre asociado a contextos sagrados. No es casualidad que Juan, el más espiritual de los evangelistas, sea representado tradicionalmente por un águila: una criatura que vuela más alto que todas las demás, que mira a lo lejos, que se acerca a la luz sin miedo. El águila es portadora del espíritu en su forma más elevada. Es la ambición en su máxima extensión: sumergida por un instante en la luz brillante e inmediatamente lista para renacer, para alzar el vuelo de nuevo con el futuro aún por delante. Incluso en los jeroglíficos egipcios, la letra A está representada por un águila. No es una mera coincidencia, sino una señal. Este es el poder simbólico de una ciudad que lleva un nombre tan significativo. En esta simbolología se apoya, casi inevitablemente, el pensamiento de Franco Battiato, para quien el águila nunca ha sido una mera imagen, sino una llave de acceso. Las águilas, en su obra, evocan sin duda una canción de éxito, pero sobre todo una constelación simbólica profundamente querida para él: la de las aves, del juego de la apertura de alas, de los secretos revelados solo a quienes aceptan el riesgo de las alturas. Las águilas están destinadas a vuelos impredecibles, a ascensos repentinos, a trayectorias imperceptibles que trazan una especie de geometría existencial. Están llamadas a cambiar la perspectiva del mundo, por usar sus palabras. Caminar, para un águila, es un gesto antinatural: su vocación es volar, acercarse al cielo para intuir sus secretos. L'Aquila es la ciudad que se alza, que observa desde arriba, que acepta la responsabilidad del vuelo. Una ciudad que conoce el riesgo de acercarse demasiado al sol, de quemarse, pero que nunca abdica de su tensión hacia lo alto. Como el águila, precisamente. Y el Abruzo es una tierra fuerte y amable, que refleja este mismo arquetipo, como lo describía Flaiano: una tierra áspera, severa y silenciosa. Una región que no busca complacer, sino mantenerse fiel a sí misma. Un lugar esencial, arcaico, poco propenso a la retórica, donde el paisaje y la gente comparten la misma sobriedad. Una tierra que ha dado voz, arte, pensamiento, resistencia. Una tierra de la que enorgullecerse. Porque L'Aquila es una ciudad que ha aprendido a levantarse, a reconstruirse, a alzar el vuelo de nuevo, siempre con las alas extendidas hacia el cielo. A pesar de sus heridas, a pesar de sus dificultades, ha demostrado ser un pueblo capaz de fuerza y ​​visión. Como su mito fundador: el águila. Siempre en vuelo. Siempre viva. Siempre con la cabeza alta."

Gianluca Ginoble

Il Centro, 17 de enero de 2026